01 agosto 2011

Primos cercanos

Hoy acaba la primera etapa de nuestras vacaciones. Han sido tres semanas en la playa los tres juntos, papá, mamá y nuestra Cachorra. Tres semanas de relax, mucho relax, de tomar las cosas con calma, de olvidarnos de horarios y de hacer lo que a los tres nos apeteciese en cada momento. ¿Por qué no?

Ya está todo prácticamente recogido y preparado para cuando mañana terminemos de desayunar, meter todos los trastos -¿de verdad necesitamos TODO con lo que cargamos? No puede ser...- en el maletero del coche y ponernos en ruta. Pero no nos vamos a casa. Papá tiene que trabajar, pero como los Abus están por aquí cerquita con la Tía y el Primo, aprovecharemos la coyuntura y nos acoplaremos hasta que ya no haya más remedio que regresar definitivamente ya terminando agosto.
En septiembre la Cachorra empieza la Escuela Infantil, de eso no nos libramos, pero mientras tanto exprimiremos el verano al máximo. Las dos echaremos mucho de menos a Papá, y yo seguramente me vuelva loca por tener que compartir techo de nuevo con mis padres y mi hermana... Les quiero con locura, pero cuando una sale de su casa ya sólo necesita volver de visita. Pero va a merecer la pena.

Porque es un espectáculo ver los reencuentros entre el Primo y la Cachorra. El Primo le lleva 15 meses, y si bien hace tan sólo un año tenía unos celos terribles de su prima, lo que ahora hay entre ellos es amor verdadero.
Es precioso presenciarlo. Cuando se divisan mutuamente, los dos dan saltos en el sitio de auténtica alegría. Saltos grandes. Muchos saltos. Entonces generalmente es el Primo quien arranca a correr en dirección a la Cachorra, para fundirse en un abrazo con ella. Permanecen abrazados un ratito, mientras los afortunados que estemos allí sólo acertamos a reír y a proferir grititos tipo "¡Ohhhhhhh!", "¡Ahhhhhh!", "¡Bieeeeen!" y similares. Después cada uno echa a correr en dirección opuesta al otro, como queriendo soltar adrenalina.
Es probable que en pocos días o incluso horas tenga lugar la primera pelea entre primos, y sé que nos tocará lidiar con ellos, pero va a merecer la pena. Es delicioso verlos juntos.

Me entristece pensar en la posibilidad de que dentro de quince, veinte años, apenas se vean o no quieran verse. En fin, está en mis manos y en las de la Tía cuidar de que la relación entre ellos siga siendo de empatía y cariño. Mientras tanto, disfrutemos.

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