Esto es algo que prácticamente nadie sabe, que necesito hacer exterior pero que a la vez se siga sin correr la voz.
Yo lo supe pronto. Lo intuí y el tiempo y un test me dieron la razón hace una semana: estamos esperando un bebé para octubre.
Un bebé buscado y deseado, un hermanito o hermanita para nuestra Cachorra, ¡por fin! Y sin embargo no consigo conectar con este bebé.
Quizás sea que no tengo el mismo tiempo que durante mi primer embarazo para observarme y acariciarme la barriga, tumbarme en la cama a imaginar cómo será, pensar en él.
Físicamente me encuentro bien. He pasado tres o cuatro días que el mero hecho de imaginar comida me ponía el estómago del revés pero nada más. Exactamente igual que con Cachorra, y espero que continúe así, porque fue un embarazo estupendo. Pero por lo demás, sin novedad... si obviamos que tengo una barriga inmensa. Y eso es algo que me agobia.
Mucho.
En mi vida he tenido una tripa lisa, nunca, jamás, ojalá pero no. ¡Por fin pude olvidarme de intentar disimular o camuflar las lorzas! Pero eso fue en el embarazo de Cachorra. Ahora no puedo dejar de querer taparlo. Es muy pronto para la tripa que tengo, de verdad.
Y si no tengo mucho tiempo para ensoñaciones, sí que lo debo de tener para torturarme con pensamientos que no son de mi agrado ahora mismo. Porque me estoy autoconvenciendo de que no es un bebé, sino dos. O más. Porque en serio, esta barriga no es normal. Por mucho que a partir del segundo embarazo salga antes. De verdad que no es normal.
Por cierto, a Cachorra ya se lo hemos dicho. En principio pareció que no se iba a enterar de mucho, pero el otro día me sorprendió al pedirme teta diciendo "esta teta para mí, esta otra para el bebé". Toma ya.