08 septiembre 2011

Introducción a la adaptación

El lunes empieza el cole. Menuda novedad, ¿no? Dudo que haya ninguna mamá con hijos de 3 añitos (o cercanos a cumplirlos) o más que desconozca el dato. Hay peques que ya empezaron esta semana, e incluso el día 1 de septiembre.

En nuestro caso el gran día es el lunes que viene. Y a mi Cachorra no la veo en absoluto por la labor de acudir de buen grado, la verdad. Hasta hoy ha estado en casa, conmigo, y creo que si de ella dependiese el panorama no cambiaría demasiado.
Durante todo el verano hemos estado comentándole, de vez en cuando, que cuando acabaran las vacaciones iría al cole, donde habrá montones de niños con los que jugar y de los que hacerse amiga, con una Maestra que les cantará canciones, les leerá cuentos y donde aprenderá muchísimas cosas divertidas.
Pues su reacción siempre ha sido la misma, de total indiferencia, como si con ella no fuera la cosa.

Esta semana se lo estamos repitiendo más a menudo, haciendo especial énfasis en lo bien que lo va a pasar allí. Le decimos que irá con papá o conmigo, ¡o incluso los dos! Y que estará allí un ratito y después iremos a buscarla.
- ¿Quieres ir al colegio?
- No.

Así que esta mañana la he subido al coche y hemos estado cinco minutos en la escuela, puesto que desde que tuvimos la reunión con su maestra en Julio no habíamos vuelto a ir allí, y creo que es interesante para ella que cuando llegue el lunes la escuela no sea ese sitio del que tiene un recuerdo (para ella) lejano.

Primero hemos visto las tomateras, que le encantan. Luego hemos pasado al jardín, donde están los columpios de madera en los que seguro que pasará horas y horas. Finalmente hemos subido a su clase. Allí nos esperaba su Maestra, quien nos ha hecho un caluroso recibimiento... y mi Cachorra se ha echado a llorar. "¡No quiero! Con mamá, con mamá".

Ante semejante panorama ha optado por dejarnos a solas, para que la Cachorra pudiera explorar a gusto. Tan pronto como Maestra ha salido del aula, Cachorra ha recuperado el control. Enseguida se ha sentado a jugar a tomar el té con las muñecas de trapo, a preparar la comida en la cocinita de madera... Qué placer verla.

Hemos estado poquito rato allí, pero creo que ha sido suficiente. El lunes la escuela no será un lugar completamente desconocido y no querrá quedarse sola igualmente, pero yo voy a poder estar allí un rato con ella y volveré a buscarla en cuanto me digan que empieza a acusar estrés.
Quizás me sorprenda, pero mucho me temo que no me dará tiempo ni de tomar un café en el bar de la esquina...