03 marzo 2007

Rebuscando

Mi abuela tiene noventaymuchos años.
Hace 14 tomó la decisión, sin consultárselo a nadie, de irse a vivir a una residencia de ancianos. Toda la vida ha padecido del corazón, y, siendo diabética, decidió que estaba mayor para cuidar de su casa y de sí misma y que ninguno de sus dos hijos tenía culpa de eso, así que un día amanecimos con la noticia.
Hizo una maleta con sus pertenencias más imprescindibles, ropa, documentación, las tres joyas buenas, artículos de aseo y algún cosmético, bajó las persianas, corrió las cortinas, tiró a la basura las plantas y el contenido de la nevera, apagó el gas, la luz, el agua. Cerró la puerta con llave, tomó un taxi y desde entonces y hasta ahora ha vivido en la residencia de ancianos más deprimente del mundo.
Puede parecer duro que yo diga esto, pero afortunadamente para ella durante estos 14 años mi abuela ha ido perdiendo la noción del espacio y del tiempo para pasar a vivir en su propio mundo interior. Al menos eso le ha servido para dejar de darse cuenta del lugar horrible en donde eligió estar.

El director de esta residencia decidió hace unos meses poner en práctica una antigua norma interna por la cual sólo puedes residir allí mientras se es válido. Eso significa que tienes que ser capaz de vestirte, lavarte y alimentarte por ti mismo.
Estupenda norma para una residencia de ancianos. Absurdo, ¿verdad?
La gran mayoría de las mujeres (es una residencia femenina) allí residentes han ido cumpliendo años, inexorablemente, con lo que sus facultades se van mermando mes a mes, casi dia a dia.
Sin ayuda, mi abuela no comería, no se lavaría, no se vestiría. Ni siquiera se levantaría de la cama para ir al servicio.
El caso es que no se le permitía estar allí por más tiempo.

Mi padre y mi tío han buscado otra residencia. Circunstancias que no vienen al caso no nos permiten tenerla con nosotros, y creemos a pie juntillas que si queremos darle una buena atención es preferible que lo hagan unos profesionales. Aparte de que, como ya dije, su salud es muy delicada, es mejor que haya médicos cerca.
Así que han encontrado una residencia justo al lado de casa de mi tío, que podrá seguir yendo a visitarla cada día, tal y como hacía hasta ahora. Una residencia con mucho renombre, muy buenas referencias, muy bonita, nada deprimente como la anterior... y muy cara. Digamos que es como vivir en un hotel de 5 estrellas.

Desgraciadamente el sultán de Bahrein no se encuentra en mi árbol genealógico, con lo cual hemos llegado a tomar la decisión de alquilar o vender el piso de mi abuela y así costear el pago de la residencia.

Ayer fuimos a ver el estado en que se encontraba el piso. No sé qué esperábamos encontrar después de 14 años. Todo estaba tal cual ella lo dejó.
Tapetitos de ganchillo por doquier, de los que ella hacía, a través de los cuales el polvo se ha ido depositando en los muebles para dejar curiosas formas geométricas.
En la cocina, un paquete de lentejas a medio consumir. Una botella de aceite de oliva en idéntico estado. Dos vasos en el fregadero, sin fregar.
Todos los libros de la etapa universitaria de mi padre y de mi tío, esperando a que alguien los vuelva a consultar.
Una gruesa capa de mugre y grasa por todas partes.
La sensación que da al verlo es como si ella intencionadamente lo hubiera abandonado todo tal cual, dejando abierta la posibilidad de regresar algún dia.

Pocos objetos se pueden salvar de terminar en el contenedor de basuras. Da mucha pena, sí.
Como quería tener algún recuerdo, algo que hubiera pertenecido a mi abuela, me he traído a casa tres o cuatro cosas, nada de valor económico.

En pocos días llegarán los obreros, fontaneros, electricistas... nada quedará de lo que aquella casa fue.

Por si alguien se pregunta qué tal se encuentra mi abuela en la nueva residencia, dejo esta pequeña anécdota.
Llegado el dia del traslado, le dijeron que la llevaban a otra residencia porque en la antigua iban a hacer reformas. Al dia siguiente fuimos a visitarla, y al preguntarla qué tal estaba allí, ella respondió con total normalidad:
"Parece increíble lo que puede hacer una mano de pintura, ha quedado todo precioso"

23 febrero 2007

Alfajores

Hace meses que arrastro un antojo casi infantil por volver a comer alfajores.
Sólo una vez en mi vida los probé, de eso hace como quince años. Ni siquiera recuerdo si iban bañados en chocolate blanco o negro, sólo puedo acordarme de que sabían a gloria.

Tengo amigas argentinas que me han recomendado los Havanna o Terrabusi. Estoy segura de que a poco que los busque los encuentro en una ciudad tan grande como Madrid, el problema es sacar el tiempo para investigar dónde comprarlos.

Sin embargo acabo de encontrar esta receta, me parece tan fácil y los ingredientes están en casi cualquier cocina que no me queda más remedio que intentar hacerla.

17 enero 2007

A Roma

¡Sí! Me voy a Roma por cortesía de los Reyes Magos, mi cuñada en realidad. Pero no por mucho tiempo, sólo pasaremos allí tres noches. Me voy con A, claro.

Toda la vida dando por saco con "quiero ir a Roma, quiero ir a Roma" y cuando me lo ponen a huevo no acabo de decidirme. Y me da por querer ir a recorrerme la provincia de Cádiz, que también debe de ser una pasada. De hecho hemos estado considerando esta segunda opción muy seriamente pero finalmente la elección está hecha: nos vamos a la ciudad eterna.

Hemos elegido un hotelito no muy grande pero que tiene muy buena pinta, y sobre todo, las críticas que hemos podido leer acerca de él son todas, sin excepción, muy buenas, lo cual no es fácil pues visto lo visto los hoteles en Roma no son para tirar cohetes por lo general. Está justo junto al Colisseum.

Sólo espero que mi cuñada no se haga un lío y reserve exactamente lo que hemos escogido, pues nos ha llevado dos días elegir hotel y vuelo.

Quedan exactamente 9 días y en ese tiempo he de hacerme con una buena guía y claro, ¡leérmela!

La emoción me embarga, no lo voy a negar.

01 enero 2007

Inaugurando blog y año

Primero de todo, y dadas las fechas en las que estoy escribiendo esto, aprovecho para desear un feliz 2007, ojalá que sea un año perfecto para quienes tenemos sueños por cumplir, y para los que ya los tengan cumplidos... pues mucha salud.
Jamás he sido de salir mucho de fiesta, bueno, lo básico de la post-adolescencia. Si era sábado me daba urticaria de sólo pensar que por algún motivo me tenía que quedar metida en casa.
Y suena a tópico, pero luego, según ha ido transcurriendo la vida y yo he ido cumpliendo años, aquel ansia por estar el máximo de tiempo fuera de la casa de mis padres se ha ido convirtiendo en pasar el máximo de horas posibles dentro de mi propia casa.
Ya la nochevieja pasada no salí. En general fueron unas Navidades tristes, y el caso es que comencé el 2006 acostándome tal que a las dos y media de la madrugada. ¿Qué hubiera pensado de aquella estampa la adolescente que un día fui? Hubiera muerto del susto, seguramente.
Este año y por fortuna estoy teniendo unas fiestas mucho mejores que las anteriores, pero la cuestión es que sigo sin recobrar la ilusión por pasar la primera noche del año sufriendo a bordo de unos tacones imposibles, muerta de frio, bailando una música que no me gusta y pagando medio sueldo por cada cubata de garrafa que pida.
Y sinceramente, estoy antisocial. Confieso que el único sms que he recibido para felicitarme las fiestas me lo ha enviado mi madre. Escuetamente decía: Feliz año. Y punto.
Sin embargo A es todo lo contrario a mi, por eso nos llevamos tan bien. Él nunca deja pasar la oportunidad de salir y trasnochar, y me hace feliz que lo haga. A muchos les puede parecer que me dejo tomar el pelo, pero se equivocan. No es un error, es la base de nuestra relación. 

El caso es que él ahora mismo está en una fiesta no muy lejos de aquí y acaba de llamarme al móvil para decirme que se ha encontrado con H, quien tras aparentemente alegrarse mucho de verle, le ha pedido que me llame para que acuda a la fiesta rauda y veloz. Confieso que he llegado a pensármelo, total, aún estoy sin desmaquillar.
H ha sido mi mejor amiga durante más de diez años. Atención, digo mi mejor amiga por no decir la única, pues el sentido que yo tengo de amistad es un poco peculiar. H ha sido durante todo ese tiempo la única persona de género femenino a la que yo he confesado abiertamente mis miedos y alegrías, con quien he compartido decepciones y buenas noticias, y ella conmigo.
Pero por algún motivo que desconozco, de un año y medio a esta parte nuestra amistad se ha enfriado hasta el punto de congelación.
Pues me ha sentado muy mal que le pida a A que me llame. ¿Es que ya no se acuerda de mi número de teléfono? Si tantas ganas de verme tiene, ¿por qué no me llama ella misma?
Seré yo la rara, todo puede ser.
Pero prefiero que me quieran de corazón, no según las circunstancias.
Aquí me quedo más ancha que larga, escuchando a mis vecinos cantar Carolina de M-Clan y el Bienvenidos de Miguel Ríos. Deben tener montado un karaoke o algo, porque la escandalera que están montando no es ni medio normal.
¡Feliz año!